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¿Reformas o ataques a la reproducción de la vida?

¿Reformas o ataques a la reproducción de la vida?
Un analisis sobre la Reforma laboral y el ataque sobre la Ley de Glaciares por Marcelo Swier

Un analisis sobre la Reforma laboral y el ataque sobre la Ley de Glaciares

Tenemos media sanción para la reforma de la Ley de Glaciares.
Una ley que no nació en las lujosas oficinas de la casta gobernante, sino definida por el pueblo trabajador, en la calle, en la lucha de los movimientos socioambientales que defendieron el agua y los territorios.

Lo que hoy se impulsa es una medida regresiva.
Promueve el extractivismo del lobby minero y pone en riesgo un ecosistema del que depende nada más ni menos que el agua potable.

Porque si destruye la naturaleza, no es desarrollo.
Y si nos quedamos sin agua, no existe desarrollo humano posible.
Lo que sí se desarrolla es otra cosa: la privatización de la vida.
Cada vez estamos más privadxs de todo.

La derecha argentinizada contó, una vez más, con los apoyos del progresismo.
Esos que se llenan la boca diciendo que son oposición, pero dentro del Congreso negocian medidas que machacan al pueblo.
Mientras tanto, afuera, la represión golpea a quienes nos rebelamos contra la explotación, la opresión y la dominación que quieren imponer desde arriba.

Se nos ríen en la cara: a la clase que vive del trabajo y al propio ecosistema.

Y eso es particularmente cínico, porque nos necesitan para producir y generar la riqueza de la que se apropian.

Las centrales sindicales también forman parte de este espectáculo político:
paros sin movilización, o directamente desde la abstención.
Son parte del engranaje del entreguismo y, por lo tanto, cómplices.

Como decíamos hace unos días en este mismo espacio, esto se entrelaza con la reforma laboral esclavista.
Y deja al descubierto la contradicción del propio sistema:
la explotación y el agotamiento simultáneo de la fuerza de trabajo y de los bienes comunes naturales.

Nos hablan de progreso mientras niegan la crisis.
Pero la crisis se vive en el cuerpo y en el territorio.

Por un lado, crecen los padecimientos de salud mental, producto de la precarización de la vida y del trabajo:
estrés, ansiedad, desmotivación extendida a todas las esferas de la vida cotidiana.

Los patrones —los que producen riqueza a costa de nuestro esfuerzo— pretenden que agradezcamos los puestos de trabajo y que intensifiquemos la autoexplotación.
Más esfuerzo, más entrega, más desgaste de nuestra subjetividad.
Eso aumenta la cosificación y la deshumanización de la vida, en un contexto donde las necesidades no están satisfechas y cada vez se requieren más tiempo, energía y recursos para sostener los cuidados:
niñeces, personas enfermas, vejeces, discapacidad.

Y al mismo tiempo, sobre vidas ya precarizadas, se monta una crisis ecológica provocada por el extractivismo feroz:
inundaciones, incendios, olas de calor, pérdida de biodiversidad, déficit hídrico, alimentario y habitacional.

El arrasamiento del ecosistema es también el arrasamiento de los territorios y de las vidas que allí se sostienen:
rurales, urbanas, costeras, fronterizas, cada una con sus particularidades, su gente y sus modos de vida.

Por eso no podemos caer en la cultura de la resignación.
Hay que despertar, organizarnos y reforzar las medidas de lucha.
Boicotear de forma sostenida estas políticas que atentan directamente contra nuestra reproducción social y contra la vida misma.

Porque defender los glaciares es defender el agua.
Y defender el agua es defender la vida.

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