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No discutas con el ruido

Texto: Gabriel Artes Visuales @artesvisualescba (Gabriel Insignia)
𝐏𝐨𝐝𝐫𝐢́𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐢𝐬𝐜𝐮𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐨. 𝐍𝐨 𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐠𝐚𝐬𝐭𝐞𝐬.
Una granja de bots o una fábrica de trolls no tiene nada de épico. No hay hackers brillantes ni pantallas con códigos verdes cayendo como lluvia digital a lo Matrix. Es mucho más triste y más real: se parece a un call center venido a menos, escondido en algún sótano de ciudad o disfrazado de oficina de marketing digital. Dos o tres empleados mal pagos, jornadas largas, un patrón sin rostro. Nada más.
Ahí no se piensa: se produce ruido.
Teclear el botón que te dicen que teclees y no pensar son reglas fundamentales.
No hay ideología, hay métricas. No hay convicción, hay objetivos diarios de engagement.
Una fila de computadoras baratas. Racks de celulares conectados a una sola máquina. Cada teléfono con su propia SIM para simular diversidad, para engañar al algoritmo, para fingir que hay miles donde apenas hay unos pocos.
Desde un solo panel de control, un operador maneja cincuenta, cien cuentas falsas al mismo tiempo. Un clic: el mismo mensaje replicado. Otro clic: el conflicto sembrado.
Las identidades están listas de antemano. Carpetas llenas de fotos robadas, caras generadas por inteligencia artificial, biografías creíbles. Padres de familia que no existen. Militantes que nunca marcharon. Vecinos que jamás vivieron donde dicen vivir.
Comentan tus posteos, tus denuncias, incluso aplauden al artista de mierda que necesitan inflar.
No buscan convencerte.
Buscan activarte.
Amplifican lo que ya te duele, lo que ya te enoja. No persiguen la verdad: persiguen la reacción.
Crean la ilusión de mayoría. Cincuenta bots dándole “me gusta” a un comentario extremo hacen que tu cerebro dude: “si tantos piensan así, quizá…”. No es consenso: es escenografía.
Lanzan el cebo de la ira. Política, religión, feminismo, fútbol: cualquier herida abierta sirve. Publican insultos, datos falsos, provocaciones calculadas. A veces atacan desde los dos bandos al mismo tiempo. Sí: una misma oficina puede manejar cuentas que defienden A y cuentas que defienden B. El objetivo no es ganar una discusión: es que vos entres, que otro entre, que se odien entre ustedes mientras ellos cuentan interacciones.
Ellos venden sus servicios. Políticos y empresarios son sus mejores clientes. Una estafa millonaria que lidera el mercado de la manipulación y convierte el conflicto social en mercancía.
Cuando una noticia no conviene, desvían la atención. ¿Y por qué no hablás de lo que hizo el otro hace diez años? El diálogo se rompe, la verdad se diluye, la confusión gana.
Y mientras tanto, te cansás.
Te desgastás.
Te vaciás.
Pero entendé algo esencial: nosotros no somos esto.
No somos perfiles. No somos algoritmos. No somos ruido.
Nosotros somos alguien.
Por eso: bloqueá. Silenciá. No respondas. No te entregues al desgaste que necesitan para reinar. Siempre habrá algún idiota de carne y hueso, claro. Pero son los menos. El resto es sistema.
Usá tu energía donde importa. Afuera. En las conversaciones reales. En los abrazos. En la calle, en la escuela, en el barrio, en el trabajo. Que la solidaridad no pase de moda. Que no te hagan creer que estás solo. Que no te convenzan de odiar a quien tenés al lado.
Que nuestra mejor arma siga siendo lo humano.
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