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Padre Paco, cuestion de fe

Padre Paco, cuestion de fe
Extracto de la entrevista de Sergio Ciancaglini con el Padre Paco para la revista de la vaca, La Mu

Padre Paco, cuestion de fe

Marcha cada miércoles con los jubilados. Fue golpeado, gaseado, detenido. Nació en Málaga, se nacionalizó argentino y vivió siempre en en villas y barrios pobres. De su abuelo anarquista a lo religioso, con los pies en la tierra. Cristianismo, peronismo, el país narco, el aborto. Lo subversivo, los crucificados del presente y dónde busca la esperanza. Por Sergio Ciancaglini.

 

Por oficio, el sacerdote Francisco Olveira Fuster, mejor conocido como el padre Paco, puede confesar a otra gente. Pero también se confiesa: “Viendo los desastres que hay en el mundo a veces jodemos con algunos curas y decimos: Dios no existe, o existe pero nos odia, está en contra de nosotros”.

No lo comenta buscando la absolución sino riéndose por esa contradicción entre la fe y asuntos en los que se verifica una masiva productividad global: crímenes, empobrecimiento, violencia, injusticias, segregaciones, discriminaciones, atropellos, enfermedades, odio. Y, a nivel local, los efectos de la motosierra, metáfora política que en sí misma es como una confesión: una herramienta que no funciona para curar o mejorar cuestiones como vida, trabajo y futuro, sino para amputarlas. Frente a esas imágenes, la broma y la risa de Paco no dejan de ser un signo de fortaleza, de capacidad de ponerle humor también a las desventuras.

Lo de la fortaleza no es algo abstracto: se observa cada miércoles alrededor del Congreso. Jubiladas y jubilados parecen no estar de acuerdo con que les destruyan los haberes que les corresponden por haber trabajado toda la vida, a lo que se agrega el serrucho sobre su sistema de salud y el piquete oficialista al acceso a medicamentos que al menos aliviaba el ítem “destrucción de haberes”.

La acción oficial se completa reuniendo cada miércoles a cientos de personas llamadas “efectivos” con trajes blindados y pertrechados para el combate antimotines a sueldo de: Policía Federal, de la Ciudad, Gendarmería, Prefectura Naval, Policía Aeroportuaria (las razones por las que las tres últimas fuerzas no están en las fronteras, ríos, mares y aeropuertos sino en el Congreso pegándoles a jubilados quedan a interpretación del público).

Los uniformados agreden a manifestantes +70 y +80, que a veces han contraatacado: MU pudo confirmar que días atrás se arrojó espuma de carnaval Rey Momo a los “efectivos” sin dañarles otra cosa que la oscuridad. Una de las mujeres gaseadas me decía hace poco sobre la violencia estatal: “Acá es donde más cobramos”.

Ante esa situación, Paco tomó varias decisiones:

Se acerca hasta el Congreso todos los miércoles, cosa que no suelen hacer muchos políticos, sindicalistas, intelectuales, periodistas, panelistas, sociólogos, cientistas sociales, luchadores on line, sacerdotes, rabinos, imanes & otros que siempre, los miércoles pasadas las 15.30, tienen cosas más importantes que hacer.

Empezó a interponerse entre manifestantes y policías, buscando evitar los golpes y detenciones, no siempre con éxito. Ha terminado él mismo fumigado con gas pimienta y golpeado con el típico entusiasmo policial. Al menos un par de veces se lo llevaron junto a las personas que él defendía.

“Detienen gente arbitrariamente, al voleo, para disciplinar. Para que nadie quiera ir a las marchas porque te pueden llevar preso. En estos casos eran personas que estaban cerca mío sin hacer absolutamente nada. Entonces yo me agarré a los que detenían, una vez era un vendedor de choripán, y me pegaron y detuvieron también a mí. Pero al cura lo sueltan rápido, tiene coronita, siendo que lo mío era mucho peor, porque yo sí que estaba en resistencia contra la autoridad para que no los apresaran” detalla Paco.

La frase “poner el cuerpo” es moda en el progresismo, suele generar emojis de corazones virtuales, aunque no siempre se ejerce. Paco parece una especie de excepción, no por las sesiones de golpes y forcejeos que se están naturalizando como burocracia represiva, sino por el hecho de estar allí. “Lo mío es un acompañamiento defensivo. No voy a agredir sino a que no agredan. Espero que no me peguen. No soy ningún masoquista, porque la pasás muy mal. A la noche no dormís porque te quema todo el cuerpo por el gas, te queman los ojos, te cuesta respirar”.

Se queda pensando y aclara: “Pero ojo, el tema no son los curas. Son los jubilados. Son ellos los que cobran menos de 300.000 pesos, los que son humillados, maltratados. Y encima si reclaman los golpean y los violentan. Los jubilados conducen. Yo me sumo a una acción colectiva con los Curas en Opción por los Pobres junto a otras organizaciones en la Mesa Ecuménica. Pero la foto es la de jubiladas y jubilados peleando por lo suyo. Uno acompaña y si pasa algo, como dicen en el barrio, te la comés”.

 

El niño Olveira fue a colegio católico. “Creía en Dios, y conocí al padre Cacho, un cura muy abierto que trabajaba con los gitanos, que suelen ser el colectivo más pobre y más despreciado en Europa en general. Ahí conocí los barrios de chabolas, lo que aquí son las villas. Fue un choque ver eso. Decir: ‘soy cristiano, pero vivo cómodo, entonces ¿cómo vivo mi cristianismo?’. Esa pregunta sigue siendo una de las principales para mí. Por eso voy los miércoles a las marchas”.

Cree que en las chabolas le nació una mirada social. “Después entré al seminario y me influyó mucho la Misa Campesina Nicaragüense que en España se puso de moda por un disco que grabaron varios cantantes como Ana Belén y Miguel Bosé. Canciones de fe y revolución. Ya había muerto Franco, eran comienzos de los 80, se respiraba otro aire y las luchas de liberación latinoamericanas me marcaron”.

 

Llegó al país a los 23 años, en 1987, en tiempos de Raúl Alfonsín. “Era la época de la híper y no entendía qué era eso de que las cosas cambiaran de precio todos los días”. Terminó su formación en el seminario de Villa Devoto, hizo un breve viaje para ordenarse como sacerdote en España y volvió: “Ya estaba enamorado de Perón y de Evita y trabajaba en la pastoral de villas y asentamientos de La Matanza”. Vivió también en Uruguay, Paraguay y Colombia y hace poco estuvo por irse a Guinea, en el África. Viajes que tienen que ver con otra clase de fronteras: “Si Jesús viniese hoy, estaría con los pobres y lo acusarían de marxista, comunista o peronista. Para mí el lugar también es con los pobres, y el capitalismo es lo más alejado del cristianismo”.

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